Hoy 5 de octubre de 2026 arrancamos el espacio de ‘El Mirador’ parándonos a pensar en la gran noticia del día. Anoten una fecha en el calendario, porque la vamos a repetir mucho en las próximas semanas: 29 de noviembre.
Y es que Pedro Sánchez lo ha vuelto a hacer. Tras el varapalo parlamentario con los decretos de vivienda y un fin de semana de supuesta «reflexión» en La Moncloa, el presidente del Gobierno ha decidido disolver las Cortes y convocar elecciones generales anticipadas.
La pregunta que nos hacemos todos en la redacción hoy es: ¿estamos ante un ejercicio de democracia y valentía institucional, o ante la clásica maniobra táctica de un superviviente nato de la política española? Vamos a analizarlo.
Oficialmente, el argumento desde el Palacio de la Moncloa es claro: el bloqueo en el Congreso impide avanzar en materia social y de vivienda, por lo que «es la hora de que hablen los ciudadanos». Y en teoría, ¿quién puede discutir que hable el pueblo? Suena democrático, impecable.
Pero miremos más allá de los discursos oficiales. La realidad es que gobernar con una aritmética parlamentaria cogida con alfileres se ha convertido en una auténtica carrera de obstáculos. Cuando las leyes no salen, cuando los socios aprietan y la legislatura se vuelve insostenible, a los gobernantes se les abren dos caminos: aguantar la agonía presupuestaria hasta el desgaste total… o romper el tablero y convocar a las urnas. Y Sánchez, de manual de ajedrez político, sabe que jugar al ataque siempre descoloca al rival.
Lo que estamos viendo es una jugada de riesgo. El Partido Popular y la oposición llevaban meses pidiendo elecciones, exigiendo un punto y final. Ahora lo tienen sobre la mesa, con apenas mes y medio de campaña por delante. Pero ojo, porque las prisas electorales nunca son neutrales: pillan a unos preparándose y a otros intentando recomponer costuras a contrarreloj.
Y mientras en Madrid los despachos echan humo y los argumentarios de los partidos se multiplican por televisión, uno piensa en la calle. Piensa en los pueblos, en las comarcas, en el día a día de nuestros oyentes en el Altiplano granadino.
A veces da la sensación de que la gran política nacional y los problemas reales de nuestros municipios viven en universos paralelos. Mientras aquí nos preocupan los servicios públicos, el empleo, el futuro de nuestra comarca o el acceso a la vivienda, en el Congreso se libra una batalla campal de bloques donde parece que todo vale con tal de desgastar al adversario.
Convocar elecciones en noviembre significa que nos van a bombardear con mítines, promesas y encuestas durante las próximas semanas. Nos dirán que nos jugamos el futuro, que el abismo está a la vuelta de la esquina.
Mi opinión personal, querido oyente, es que nos quieren hacer creer que nos jugamos la vida en cada sobresalto político, cuando la verdadera vida —la nuestra— sigue ocurriendo aquí, al margen de los titulares de Madrid.
Eso sí, el 29 de noviembre las urnas se abrirán. Y tocará decidir. Como siempre decimos por aquí: la democracia es el único momento en el que la voz de un vecino de Huéscar pesa exactamente lo mismo que la del mismísimo inquilino de la Moncloa.